jueves, 28 de agosto de 2008

Las caras del Che en el cine






¿Reconocen el nombre de Alberto Korda? Ahí les va otra pista, fue un famoso fotógrafo de moda principalmente de los años cincuenta y sesenta. ¿Aún no? Bueno, una pista más: nació en Cuba. Si continúan sin adivinar, les doy un último dato: él tomó la famosa fotografía del “Che” (denominada El Guerrillero Heroico) por la que es conocido en todo el mundo, y que se ha convertido en la imagen más reproducida en la historia de la fotografía mundial, claro que sin darle el mérito que se merece el autor de la imagen. Ahora sí, ¿verdad?
A pesar de que el Che fue un personaje clave en la revolución cubana, y en la ejecución del sistema de guerra de guerrillas en toda Latinoamérica, si no hubiera sido por Korda, el Che Guevara no hubiese tenido el peso mediático y simbólico que carga hoy en día. En la actualidad, nos seguimos topando con la fotografía de Korda en todo tipo de accesorios y objetos kitsch, y gracias a bandas de rock como Rage Against the Machine, los jóvenes le han impreso a la imagen del Che una calidad de estandarte de lucha, de rebeldía, de hacer algo por sus propios ideales. Korda le regaló al mundo la mirada profunda de esperanza, de fuerza, de determinación, de revolución, de melancolía y amor con la que el Che fue sorprendido en aquel 5 de marzo de 1960. Ése es el rostro del Che que todos tenemos presente. Un Che sin voz, sin movimiento, estático. Sin embargo, el cine le ha dado otra cara y otra voz a Ernesto Guevara de la Serna.
La primera película norteamericana sobre el Che se llamó simplemente “Che” (1969), dirigida por Richard Fleischer (Conan el destructor, 1984). El primer rostro del Comandante Che Guevara fue el de Omar Sharif, a quien podemos recordar en uno de los papeles más importantes de su carrera como el príncipe Alí en Lawrence de Arabia (1962). El segundo Che fue protagonizado por el actor cubano Orestes Pérez (Vengo, 2000), en el filme argentino ¡Hasta la victoria siempre! (1997), dirigido por Juan Carlos Desanzo (Eva Perón, 1996).
Hasta hace algunos meses podríamos haber pensado que el definitivo Che de la pantalla grande sería el actor mexicano Gael García Bernal, quien interpretó al comandante revolucionario en dos largometrajes. El primero fue Fidel (2002), dirigido por David Attwood (Shot throught the heart, 1998). Le siguió Diarios de Motocicleta (2004), orquestada por Walter Salles (Central do Brasil, 1997), y producida por Robert Redford.
Para buena fortuna, y después del cuestionable éxito con respecto a la interpretación de García Bernal como el guerrillero argentino-cubano, se comenzó a entablar la negociación para filmar dos películas más sobre este personaje, y obviamente, se tuvo en mente al protagonista de Amores Perros (2000). Sin embargo, y para darle una variedad a la caracterización bastante explotada de Guevara de la Serna, el director encomendado para estas dos entregas, Steven Soderbergh (Ocean’s Twelve, 2004), hizo una excelente elección: Benicio del Toro.
El actor nacido en Puerto Rico no sólo es muy bueno en su trabajo (basta echarle un vistazo a su intervención en Traffic (2000), también dirigida por Soderbergh; The Pledge (Asesino Oculto, 2002) o Fear and Loathing in Las Vegas (1998)), sino que, físicamente, se parece bastante a Ernesto Guevara. Aunque todavía no se estrena de manera oficial, Del Toro ya recibió un premio por esta caracterización en el Festival de Cannes de este año. La primera película se titula El Argentino y está basada en el primer encuentro de Castro y Guevara en México hasta la gestación de la revolución cubana con miras a derrocar al dictador Fulgencio Batista. La segunda entrega se denomina Guerrilla, y se centra en el Che como dirigente del gobierno cubano hasta su famosa y controversial muerte en Bolivia en 1967. Ambos trabajos se estrenarán en Estados Unidos en este año 2008. Esperemos ver pronto estas cintas en las salas cinematográficas de nuestro país. La expectativa está puesta y a juzgar por los trailers y la crítica positiva del trabajo de Benicio del Toro, todo parece indicar que estamos, ahora sí, ante el definitivo Che de la pantalla grande.

viernes, 8 de agosto de 2008

¿El cine es como la realidad o la realidad es como el cine?

Desde la prehistoria, el hombre siempre ha intentado retratar a la realidad. Desde las pinturas rupestres en las que plasmaba sus actividades, convirtiéndose en pintura ya como una disciplina transformada en arte. Ejemplo más fiel es la corriente pictórica impresionista, en la que el autor tenía que retratar fielmente a la realidad lo más que pudiera, tomar prestado un momento subjetivado, un lugar, una visión o un rostro para dejar una copia de algo posiblemente intangible en algo tangible: un cuadro.
Después llegó la fotografía, que en principio de cuentas, al igual que la pintura, nació por la necesidad del hombre por apropiarse de una rebanada de su realidad inmediata. En la actualidad, cuando observamos detenidamente una fotografía podemos percatarnos de muchísimos detalles que el ojo humano no puede percibir a simple vista, entonces, ¿cuál es nuestra realidad, la capturada por el lente de la cámara fotográfica o la que logramos ver con nuestros ojos, podríamos decir, en vivo?
Con el paso de los años y después de muchos experimentos, por fin la fotografía evolucionó, las imágenes fijas cobraron vida, nació el cine. De nuevo, por la necesidad del hombre de hacer suyo un fragmento de la realidad. Pero, ¿qué tan real es el cine con respecto a la realidad? Alguien podría decir, “pues basta ver El Señor de los Anillos para darnos cuenta que el cine es pura fantasía”, en ese sentido tendría razón, sin embargo, hay películas que, aunque parezcan concebidas por una mente retorcida, son tan reales como la realidad misma. Cuando en un noticiero escuchamos, “esta persecución fue como sacada de una película de acción”; por qué mejor no decimos, “la persecución de ‘tal’ película fue como sacada del noticiero de las seis”.
Muchas de las mejores películas de todos los tiempos han sido basadas en hechos reales, o creadas como ficción pero que son superadas por la realidad. Si volteamos a nuestro alrededor, no podremos percibir todas las situaciones que suceden en ese entorno, y mucho menos, en otros países. Por fortuna, para eso tenemos al cine. Hay cine que nos hace vivir nuevamente algo ya transitado, un déjà vu eterno, un vaivén arrítmico, fragmentado pero que es parte de un todo, de un mundo en el que nos tocó vivir o de un mundo en el que desearíamos estar. Entonces, ¿el cine es como la realidad o la realidad es como el cine? Nunca lo sabré.

jueves, 24 de julio de 2008

El Caballero de la Noche, la mejor película del Hombre Murciélago




Hablar bien de la más reciente película del director inglés Christopher Nolan, Batman, The Dark Knight (Batman, El caballero de la noche, 2008) sería redundar en lo que sabemos los que ya tuvimos oportunidad de verla, que simplemente es una obra maestra. Sin embargo, no puedo dejar de alabar el genio de Nolan, quien nuevamente trabajó con su hermano menor Jonathan Nolan, con el que ya había colaborado en el filme de culto Memento (Amnesia, 2000).
La ambientación del filme es estupenda, regresa a la oscuridad impresa por Burton en las dos primeras entregas del Hombre Murciélago (Batman, 1989 y Batman Returns, 1992); los efectos en las escenas de acción están muy bien cuidados; en lo que respecta a las actuaciones, hay un lado bastante flaco. Nolan no dio una en la selección de la actriz responsable de darle vida a Rachel Dawes, la eterna enamorada de Bruce Wayne. Si en Batman Begins (Batman inicia, 2005), Katie Holmes no pudo con el personaje, ahora a la actriz Maggie Gyllenhall (Stranger than fiction, 2006; Mona Lisa smile, 2003) le quedó enorme; su corta pero significativa intervención es completamente insípida. Afortunadamente, en El caballero de la noche, Nolan decidió darle un giro dramático al personaje de Rachel Dawes. Esperemos que de esta manera se quite ese mal estigma.
Las interpretaciones de Michael Caine (Alfred), Gary Oldman (teniente Gordon), Aaron Eckhart (Harvey Dent, Dos Caras) y Morgan Freeman (Lucius Fox, el presidente de Wayne Enterprises), son muy buenas. Y ni que decir de Bruce Wayne y su alter-ego, encarnado por Christian Bale quien se ha ganado a pulso el mote de El Perfecto Batman, con perdón de Michael Keaton.
El caballero de la noche nos regala escenas memorables extendiendo sus alas para volar entre edificios en plena oscuridad de Ciudad Gótica; sorteando obstáculos con el objetivo de alcanzar a sus enemigos montado en la “bati-moto”, o simplemente desapareciendo en lo más hondo de un callejón entre sábanas transparentes de humo, dejando atrás una tenue estela de polvo y su silueta tatuada en la pupila del espectador inmutado ante aquella alegoría del miedo. Pero más allá de Batman, más allá de sus seis aventuras cinematográficas, más allá de todos sus enemigos (Dos caras, El Pingüino, El Acertijo, etcétera) está su emblemática antítesis, su eterno contrario: El Guasón (The Joker).
Es irremediable comparar al Guasón interpretado en 1989 por Jack Nicholson (The Departed, 2006; The Shining, 1980; Chinatown, 1974) con el de Heath Ledger (Brokeback Mountain, 2006; Ned Kelly, 2006; A Knight’s Tale, 2001). Ambas actuaciones son excelentes, sin embargo, si nos centramos en una estricta comparación de dichas caracterizaciones, Ledger se lleva a Nicholson por mucho. Cada segundo que aparece a cuadro el Guasón en el filme de Nolan, es estupendo. Ledger logró adentrarse tanto en el personaje que hasta el brillo de sus ojos es distinto y le regaló características antológicas; tics como el de sacar la lengua de vez en vez; el tono de voz es entre ácido y misterioso pero con un toque de demencia; la forma de caminar como trastabillando; las carcajadas que seguramente no dejarán dormir a más de uno; la mirada profundamente sicótica y ya ni hablar del maquillaje y el cabello que le da esa similitud tanto legendaria (por las tragedias tan conocidas) como oscura, con El Cuervo (The Crow, 1994).
Tampoco podemos dejar de comparar Batman de Tim Burton, con The Dark Knight. Hay escenas casi idénticas. Primer ejemplo: en la película Batman, el Guasón irrumpe una reunión de mafiosos de Ciudad Gótica para presentarse y termina matando a uno de ellos; en El caballero de la noche, el Guasón hace lo mismo, aunque el motivo es distinto. Segundo ejemplo: en Batman, después del desfile, el Hombre Murciélago se aproxima en el “bati-avión” y el Guasón lo reta con los brazos abiertos justo en medio de la calle; en El caballero de la noche, el Guasón hace lo mismo, la diferencia radica en que Batman ahora viene en la “bati-moto”. Tercer ejemplo: en Batman, el Guasón irrumpe en una fiesta de alta alcurnia celebrada por Bruce Wayne; en El caballero de la noche, sucede lo mismo. A pesar de que es evidente la referencia de la obra de Burton en la de Nolan, en conjunto The Dark Knight difiere bastante de la primera película de Batman. Batman, El caballero de la noche, es un thriller estrepitoso, de esos que de principio a fin nos mantienen al filo del asiento, con escenas y frases que indiscutiblemente ya forman parte de la historia del cine.

jueves, 17 de julio de 2008

Los robots también sienten: Wall-E




¿Es posible que una máquina, que un conjunto de engranes, que un artilugio frío por dentro y por fuera, posea la cualidad humana de sentir, de emocionarse o aún más, de enamorarse? Si respondemos esta interrogante utilizando una estricta lógica, obviamente la réplica sería un contundente: no. Sin embargo, en el cine todo se puede volver realidad.
En 1986, el director John Badham nos trajo el entrañable filme Corto Circuito (Short Circuit). En esta película se cuenta la historia de Johnny-5. La trama comienza con el invento de un robot creado con fines pacíficos pero con cualidades para la milicia estadounidense. En la presentación del prototipo, el modelo “número 5” es afectado por un rayo y como por arte de magia (como sólo en el cine puede suceder) deja de ser un invento militar para convertirse en un androide con cualidades humanas que se robó el corazón de miles de espectadores. Para 1988, se estrena la secuela de las aventuras del tierno Johnny-5: Corto Circuito 2 (Short Circuit 2). Este largometraje es un innegable referente para que veinte años después, Pixar realizara Wall-E (2008).
A Wall-E lo podemos comparar con Johnny-5 tanto en lo estético como en la “manera de ser”. Ambos caminan gracias a una bandas semejantes a las utilizadas por los tanques militares; su rostro es prácticamente igual; pero lo más importante de todo (en ambos casos) es la expresividad de sus ojos, que con un sencillo cambio de posición y una casi imperceptible variación en la brillantez de su mirada, logra transmitir fehacientemente el estado de ánimo en el que se encuentra. Una de las cualidades de Johnny-5 es su peculiar forma de hablar; en este sentido, Wall-E se diferencia debido a que sólo emite sonidos mecánicos y una que otra palabra cual si fuese un niño que apenas comienza a balbucear.
La película Wall-E nos cuenta la historia futurista de un robot fabricado para limpiar la Tierra que, dentro de la monotonía de su labor, se da cuenta que le gusta el baile, que se maravilla con artefactos utilizados por humanos como por ejemplo un encendedor o un cubo de rubik. En el trajín de su vida diaria sus sentimientos se expanden al conocer al robot explorador Eva (Eve), del cual se enamora a primera vista y libra divertidas y enternecedoras aventuras. Pero Wall-E es más que una historia de amor; es una mirada al sedentarismo en el cual nos tiene inmerso la practicidad de la vida moderna; es una visión de lo que puede llegar a convertirse nuestro planeta gracias a nuestra inconciencia ecológica; es una llamada de atención principalmente a los gobiernos de los países que más contaminan (a Estados Unidos, en primer lugar, recordando que ni siquiera le convino firmar el Protocolo de Kioto) para que hagan algo al respecto.
El cine es un poderoso medio para crear conciencia y siempre será reconocible que productoras tan importantes como Pixar utilicen sus recursos para contar historias con mensajes positivos, a pesar de que su fin primordial sea la recaudación en taquilla.

jueves, 10 de julio de 2008

Gael García nos cuenta una historia con Déficit




Gael García Bernal ha incursionado como actor en muchas películas verdaderamente memorables. Desde Amores perros (2000), pasando por Y tu mamá también (2001), Diarios de motocicleta (2004), La ciencia del sueño (2006), entre otras. Varios largometrajes han destacado en el mundo del cine por distintos factores; por un lado, ha sobresalido la importancia histórica-contextual de la realización de determinada producción (por ejemplo, Fidel, 2002), y por otro, ha brillado más la controversia que el hecho de ser una buena película (El Crimen del Padre Amaro, 2002). Sin embargo a lo anterior, la buena calidad histriónica de Gael García se ha hecho valer por sí misma, llevándolo a trabajar con uno de los directores más prolíficos y controversiales del cine español contemporáneo: Pedro Almodóvar Caballero, a quien le debe una de sus mejores actuaciones interpretando a Ignacio, a la travesti Zahara y a Juan en la excelente La mala educación (2004).
La carrera actoral de García Bernal ha ido en ascenso, y al parecer, así seguirá debido a que es muy selectivo con las historias en las que participa y con los directores con los que decide trabajar. Por todo lo anterior, aunado a su carrera de productor cinematográfico a través de Canana Films, compañía que fundó con su amigo Diego Luna, la ópera prima del joven actor causó gran expectativa en México y el mundo. Déficit (2008) por fin llegó a las salas cinematográficas de todo México, presentándose en escenarios como el 5º Festival Internacional de Cine de Morelia, y Cannes en 2007. Lamentablemente, su primer trabajo como director dejó mucho que desear.
En palabras del propio Gael, Déficit trata del “ninguneo de los ricos a los pobres, cómo la servidumbre de la casa se esconde y se ningunea sí misma, cómo los personajes están en búsqueda de una sola acción buena que los haga sentir que su existencia tiene valor y cómo es que en el camino la riegan”. A pesar de que la premisa es interesante, no logró plasmarla de una manera efectiva en la pantalla grande, el lenguaje cinematográfico es tan pobre que no logra llegar a un clímax importante en todo el filme. Comienza con buen ritmo pero a la mitad de la historia, decae totalmente y termina llevando a rastras al espectador hasta el final de la historia.
Lo curioso de la ópera prima de García Bernal, es la nada creíble actuación del propio director, quien interpreta a Cristóbal, el personaje principal. La personificación resulta en partes sobreactuada, debido a que por momentos olvida el característico modo de hablar “fresa”, supuestamente inherente a Cristóbal. Esto nos hace preguntarnos si como director es buen actor, o si sus mejores actuaciones se deben al manejo de los directores que lo empujan a realizar un buen trabajo, o si de plano no es capaz de llevar a cabo una actuación decente sin una batuta externa.
A pesar de que recibió la asesoría de algunos directores experimentados (Michel Gondry, La ciencia del sueño), no se logró el objetivo: contar una historia que transmitiera algo. Debido a que toda la trama se desarrolla dentro de un solo espacio, una casa de Tepoztlán, y buena parte de ella es por la noche, la iluminación no ayuda; hay secuencias en las que se pierde totalmente la profundidad de campo, es decir, no se distingue lo que hay detrás de los personajes. Los demás actores tampoco se destacan, quedan simplemente como actores secundarios sin un peso importante dentro de la historia, con excepción de Tenoch Huerta, quien encarna al jardinero de nombre Adán, que a pesar de no tener una actuación para recordar, es de lo menos peor en la película. Como reza el dicho, “echando a perder se aprende”, esperemos que en la próxima osadía de Gael García Bernal en la dirección de un largometraje, corrija muchos de los errores en los que visiblemente cayó con Déficit.

miércoles, 25 de junio de 2008

El fin de los tiempos ha llegado!




El Fin del Mundo ha sido tema ha desarrollar en varias películas de Hollywood. Entre las que puedo mencionar, no debido a que el tratamiento del tópico en cuestión haya sido certero en su conjunto, sino únicamente como referencia, figuran: Día de Independencia (Independence Day, 1996), película en la que el patriotismo anglo se erige por sobre todas las cosas y por supuesto, nuestros vecinos del norte descubren la manera de salvar al mundo; otro ejemplo es Armagedón (Armagedon, 1998), cinta en la que un meteorito de enormes proporciones amenaza con destruir la Tierra pero no contaba con la audacia de… ¿a que ni saben de quién? Pues quien más, del país que siempre está al pendiente de salvar al mundo de cualquier amenaza, ya sea nuclear, de otros países, del terrorismo o de sus mismos compatriotas; por supuesto: Estados Unidos. Al parecer, en la gran mayoría (salvo escasas excepciones) de las películas de Hollywood que abordan el tema del acabose de la humanidad, el inicio y desenlace de su historia siempre se da en la tierra del tío Sam, y entre líneas o descaradamente ensalzan un nacionalismo gabacho con un discurso político en el que ellos siempre vencen al enemigo, sea quien sea y venga de donde venga, y de paso, le inyectan a su ejército cierta calidad de salvador, de ‘chicos buenos’.
Agradable sorpresa resultó la más reciente obra del realizador de cine M. Night Shyamalan, El Fin de los Tiempos (The Happening, 2008). El también director de El Sexto Sentido (The Sixth Sense, 1999) adapta al cine un cuento del escritor de bestsellers de terror y suspenso, Stephen King, en el que un virus desconocido ataca a las personas provocando que se dañen a ellas mismas, sin que nadie pueda hacer nada para impedirlo. En este largometraje nuevamente la historia arranca y se desarrolla dentro del país más poderoso del mundo, sin embargo, el virus no es comprendido ni aniquilado ni confinado a sus límites territoriales. Este fin de los tiempos se les escapa de las manos a los gringos.
Mark Wahlberg (The Perfect Storm, 2000; The Departed, 2006) encarna a Elliot Moore, el personaje central del filme. La actuación de Wahlberg deja mucho qué desear ya que en todo el transcurso de la historia, no llega a forjarle una personalidad propia al personaje y por ende, no logra convencer. Su coprotagonista, Zooey Deschanel quien interpreta a Alma Moore, tampoco termina por imprimirle una dosis de buena actuación a la película. De hecho, la interpretación más creíble aunque somera, es la de John Leguizamo como Julian. Por otro lado, los efectos especiales son buenos, sin llegar a ser espectaculares. The Happening tiene chispazos de genialidad visual muy a lo Shyamalan. Como ejemplo, basta con recordar la secuencia de las repentinas muertes de los trabajadores de una construcción. La toma de ‘contrapicada’ en el momento que literalmente comienzan a llover personas, es verdaderamente genial.
Shyamalan no logró convencer incondicionalmente a los críticos ni al público en taquilla. Esto último obedece a que la película en cuestión no forma parte de los tipos de largometrajes que Hollywood programa para estrenarlos en verano, temporada de vacaciones escolares. Por lo general se busca proyectar historias de acción estrepitosa (Hulk, Indiana Jones) o cintas para toda la familia (Kung Fu Panda, Wall-E). Sin embargo, se le agradece al director nacido en la India por el atrevimiento de realizar este filme y estrenarlo en esta temporada del año, difícil para el cine de suspenso. Aunque El Fin de los Tiempos llega a caer en situaciones obvias, circunstancias que no impresionan en lo más mínimo al espectador, aún así vale la pena apreciar esta película del fin del mundo distinta a las demás.

jueves, 19 de junio de 2008

Remembranzas llevadas a la pantalla grande, fórmulas seguras de éxito




Desde hace algunos años, se han adaptado al cine muchísimos comics. El negocio para los productores es bastante jugoso ya que estas películas abarcan a un tipo de público bastante amplio. Los interesados en ver estos filmes somos tanto los que crecimos con esas series televisivas, o historietas impresas, como los jóvenes y niños que conocen al personaje o personajes, gracias a las imágenes en movimiento.
Precisamente hoy en día, en la cartelera de nuestra sala de cine más cercana, podemos observar a El increíble Hulk (The incredible Hulk, 2008), dando saltos y aplastando tanques militares. Esta segunda entrega de el hombre verde de Marvel fue el mayor éxito taquillero del pasado fin de semana, recaudando 54.5 millones de dólares en Estados Unidos, debido a que causó una gran expectativa la personificación de Edward Norton como Bruce Banner, el alter ego de Hulk, aunado a la enorme promoción que los norteamericanos siempre le brindan a sus superproducciones. Tal es la dimensión del monopolio y proyección mercadológica cinematográfica de nuestros vecinos del norte que, aunque la India es la mayor productora de películas a nivel mundial, el 80% de la oferta en las salas cinematográficas alrededor del orbe, pertenece a Estados Unidos.
Últimamente Hollywood nos ha bombardeado con largometrajes de superhéroes, sin embargo, la lista de caricaturas (como les decimos en México a las series animadas) llevadas a la pantalla grande no se limita únicamente a los comics de Marvel o DC. Podemos recordar, por ejemplo, a la serie de dibujos animados El Inspector Gadget, que se transmitió en nuestro país a mediados de los años ochenta. Dicha caricatura no tuvo referencia impresa, fue a partir del éxito de la serie animada que se decidió hacer la película. El largometraje vio la luz en 1999 de la mano del director David Kellogg y arropada por Disney. Por supuesto, la película fue todo un éxito taquillero. En 2003 se lanzó El Inspector Gadget 2, también producida por Disney pero no tuvo la misma aceptación en taquilla.
Hubo otra caricatura bien aceptada por la juventud de 1981 hasta principios de los años noventa, y que hasta se tornó con tintes diabólicos debido a que supuestamente las figuras promocionales (generalmente muñecos) de la serie en cuestión cobraban vida por la noche y mataban a los niños poseedores de dichos juguetes. Claro, me refiero a Los Pitufos, dibujos animados que próximamente serán llevados a la pantalla grande por parte de Columbia Pictures y Sony Pictures Animation. ¿Nos podemos imaginar a un actor interpretando a Papá Pitufo, a Pitufina o a Gárgamel? Por lo pronto, lo anterior no será problema porque este largometraje será realizado en 3D con la tecnología CGI (por sus siglas en inglés) que significa: imágenes generadas por computadora.
Pocos saben que el origen de los pitufos es belga (Les Schtroumpfs), y que su primera aparición fue en la revista del comic franco-belga Spirou, en 1958, en el episodio La flûte à six schtroumpfs (la flauta de seis pitufos), en el marco de las aventuras de Johan y Pirluit. En aquel entonces, los pitufos ni siquiera eran los protagonistas. Fue hasta 1976 cuando se realizó una animación tradicional basada en el episodio antes mencionado con los pitufos como personajes centrales. A pesar de lo anterior, la fama a nivel mundial que alcanzaron estas diminutas criaturas azules, se la deben a los productores estadounidenses Hanna-Barbera (William Hanna y Joseph Barbera), que realizaron la serie que todos recordamos.Esperemos que la adaptación al cine de los pitufos nos deje un buen sabor de boca, tal y como sucedió con la excelente intervención en la pantalla grande de Los Simpson (The Simpsons Movie, 2007); y se mantenga alejada de intentos soeces de adaptaciones tales como Garfield (Garfield: The movie, 2004 y Garfield: a tail of two kitties, 2006), que no se asemeja en lo más mínimo a la serie animada, ya que en la caricatura, el gato perezoso no movía los labios y tenía la misma proporción que los demás felinos participantes en la historia, siendo que en el filme, cualquier persona puede interpretar perfectamente lo que dice Garfield, leyendo sus labios, y tanto su imagen como su tamaño generados por computadora son totalmente desproporcionados en relación a otros gatos. Otro ejemplo deplorable de adaptación fue Supercan (Underdog, 2007), filme que se distancia barbaridades a la serie animada, tanto en la historia como en la misma personalidad de “lustrador”, el otro-yo de Supercan. Casi por lo general, Hollywood nos ha decepcionado en este tipo de adaptaciones, ¡ojalá que la película de los pitufos sea una agradable excepción!